sábado, 26 de noviembre de 2011

En una ciudad digital, términos como e-gobierno, e-comercio o la banca electrónica son naturales, y los ciudadanos encuentran “e-servicios” seguros, útiles, eficaces, eficientes y convenientes, de tal forma que la misma sociedad demandaría la generación de mayores servicios electrónicos, con lo cual se crea un círculo virtuoso.
La ciudad digital ya existe en el mundo y muchas ciudades trabajan en su creación, como algunas comunidades españolas que a partir de 2003 iniciaron un programa de desarrollo donde el gobierno ha destinado más de 50 millones de euros para su promoción (1). 
Organizaciones como la Red Iberoamericana de Ciudades Digitales, creada en 2001, trabajan con el objetivo de “promover el desarrollo de la Sociedad de la Información en Iberoamérica a través de la cooperación entre ciudades desde un enfoque integrador…”(2).
A pesar de todos los ejemplos, no existe una receta que permita la creación de una ciudad digital, su implementación requiere de una cantidad considerable de recursos económicos, y del trabajo conjunto de diversos sectores de la sociedad como son gobierno, empresas privadas, instituciones y organizaciones sociales, entre otros. Todos deben visualizar tanto intereses comunes como particulares y, al mismo tiempo, trabajar con el mismo fin: cubrir la atención de servicios para los ciudadanos. 
Un aspecto de vital importancia es la atención de la brecha digital, que expone las marcadas diferencias entre los sectores de la población para acceder a Internet y las TIC debido, entre otras cosas, a cuestiones socioeconómicas y culturales con la visión amplia de todas sus implicaciones. Debido a ello, existen programas que tienen la tarea específica de acortar esta brecha. En nuestro país, el programa e-México tiene por objetivo desarrollar una nueva Sociedad de la Información a largo de todo el país, que permita con el uso de nuevas tecnologías digitales el acceso al conocimiento, la enseñanza y el aprendizaje entre todas sus comunidades.(3)
Otro reto por superar, en la implementación de las ciudades digitales, es el hecho de que no es suficiente el vasto despliegue de flujos de información a través de la Internet y las TIC, es fundamental saber qué hacer y cómo lograrlo con esa información. El conocimiento y la innovación constantes se vuelven piezas clave en las comunidades digitales, para dar paso a las sociedades del conocimiento. 
Ciudades digitales en México
La creación de ciudades digitales inicia en México, en junio de 2007, en Guadalajara, Jalisco, al obtenerse el primer lugar por mejores prácticas del IV Premio Iberoamericano de Ciudades Digitales. Esta distinción se logró mediante un trabajo conjunto entre el gobierno de la Ciudad de Guadalajara y la Universidad de Guadalajara, por la creación de un portal interactivo donde el gobierno de la ciudad ofrece a sus ciudadanos la gestión de servicios a través de la Internet. 
El gobierno de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, también despliega servicios gratuitos de Internet móvil en áreas abiertas y públicas, como la Macro Plaza y su centro histórico, al tiempo que desarrolla diversas opciones de trámites y servicios varios.
De igual forma, el gobierno de la Ciudad de México (GDF) en los portales electrónicos de sus delegaciones políticas y del mismo GDF ofrece opciones para la obtención de información, acerca del procedimiento y la realización de muchos trámites en red. De forma similar, algunas dependencias federales, como el SAT, promueven activamente el uso de la Internet para la gestión de pagos y servicios.
En el mundo, los gobiernos —incluido nuestro país— invierten cada vez más en recursos económicos e impulsan el uso y desarrollo de la tecnología para lograr que los ciudadanos puedan establecer una nueva forma de interaccionar con ellos mediante los esquemas de gobiernos electrónicos, piezas fundamentales en un proyecto de ciudad digital. El reto por vencer es el de mejorar la calidad de los servicios digitales que la sociedad les exige con resultados más eficientes, eficaces y seguros, como los servicios particulares de la banca y el comercio.

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